LA LEYENDA DE ELENA EN LA CASA DE LAS SIETE CHIMENEAS

 

El viernes por la noche decidí dar un paseo para despejarme de tanto estudiar. Mis padres y yo fuimos a pasear por el centro de Madrid. Era una noche de noviembre  fría, oscura y apenas había nadie ya en la calle. Al pasar por delante de una antigua casa, nos llamó la atención que tuviera siete chimeneas. La estábamos mirando y de repente vimos a una mujer, vestida de blanco, que llevaba una antorcha en una mano y con la otra mano señalaba en dirección al Palacio Real. “¿Quién es?” , nos preguntábamos aterrados…  y entonces mi padre nos dijo que nos sentáramos y nos contó la siguiente leyenda que ahora os cuento yo. “Hace muchos años, en el siglo XVI, vivieron en esta casa un montero del rey Felipe II y su  hermosa hija, llamada Elena. Su belleza era tan extraordinaria que el propio Felipe II se enamoró perdidamente de ella , pero como la familia de Elena no era noble, no podía casarse con el rey.  Así que la casaron con un capitán del ejército del rey llamado Zapata. Poco después de su boda, él tuvo que partir a la guerra de Flandes y murió en combate. Elena se quedó con el corazón destrozado, lloraba a todas horas y  se paseaba por la casa en camisón y con una antorcha de noche, como si fuera un fantasma en vida. No podía vivir sin amor. Como no dormía ni tampoco quería comer, cayó enferma y murió poco después de dolor por la muerte de su marido. Pero las malas lenguas de la corte decían que antes de morir, había dado a luz a una niña, hija del rey Felipe II, que había sido siempre su verdadero amor secreto. Y cuentan que el propio rey, preocupado porque esa niña podría traerle muchos problemas en la sucesión de la Corona,  encargó que mataran a Elena. Enfadado al saber que la niña ya había nacido, encargó una muerte cruel para ella : que la apuñalaran.

Los propios criados confirmaban esta versión diciendo que había marcas de cuchillo en el cuerpo de Elena. Su camisón blanco tenía ahora color rojo sangre. Entonces, para acallar estos rumores, las autoridades decidieron investigar el asunto. Pero cuando llegaron a la Casa de las Siete Chimeneas, descubrieron atónitos que el cadáver había desaparecido. Los criados no habían oído ni visto nada, juraban que nadie había entrado en la habitación de Elena. Entonces, acusaron al padre de Elena de la muerte de su propia hija. Su padre , muerto en vida de dolor por haber perdido a su hermosa y angelical hija, y enfadado al ver que le acusaban a él de un crimen que no había cometido, decidió entrar una noche a la Casa de las Siete Chimeneas, y tras abrazar y llorar sobre varios vestidos de su propia hija, se suicidó colgándose de una viga de la casa. Años más tarde, varias personas declararon que en las frías noches de invierno, veían andar sobre el tejado, entre las siete chimeneas de la casa, una hermosa figura de mujer, de pelo rubio y largo, cuidadosamente peinado, descalza, vistiendo un camisón blanco. En una mano llevaba una antorcha y con la otra señalaba insistentemente en dirección al Palacio Real. Dicen que así quería Elena revelar que allí estaba su verdadero asesino…¡ el propio rey Felipe II!.” Cuando mi padre terminó de contarnos esta historia, mi madre y yo estábamos aterrados, muertos de miedo y frío, solo queríamos volver a casa. El fantasma de Elena ya no estaba en el tejado de su casa, así que todos volvimos para la nuestra. Muchos días después, seguía pensando en qué habría  ocurrido con Elena. Quizás su hija llegó a nacer y fue criada por monjas en secreto…  Movido por la curiosidad, miré más información sobre el tema en internet, cuando me encontré con un artículo que decía que  siglos después, en el siglo XIX, al reformar la casa, habían encontrado el cadáver de una mujer, joven y hermosa, enterrado bajo el suelo y  su lado varias monedas de oro de la época de Felipe II. ¿Sería cierto que el Rey había ordenado su muerte?


Sergio Fernández- Gaytán. 4°C


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