Sombra
No puedo más, esto me mata por dentro y siento que me va a consumir. Mi mente se pierde en un río de pensamientos pesimistas, se ahoga mientras intenta sacar la cabeza a la cordura. Me recuerda a mi infancia, cuando gracias a mi torpeza, mi padre debía sacarme de un río helado que me llevaba a una cascada, a una caída que el cuerpo de una niña de 5 años no podría resistir sin la suerte de Dios. La diferencia con la sensación actual es que ahora no siento mis pulmones arder por aspirar agua helada. Lo cual no lo hace una experiencia más cómoda ya que ahora lo que arde es mi corazón, pero no por agua sino por impotencia. Mi estómago se empequeñece ante el miedo que siento cada noche al cerrar los ojos. Dormir es cada vez más difícil para mi, por mucho que me esfuerce en relajarme todo es en vano. Intento tomar un té antes de acostarme, hacer meditación, dar un paseo, darme una ducha fría o caliente, hacer ejercicios de relajación, pero a las sombras de mis sueños les da...