Leyenda (V)

 


La bruja de Katcumba

Me llamo Kenie y vivo a las afueras de Kenia, soy una chica normal, afortunadamente vivo en la zona más adinerada del país por lo que al principio puedes pensar que soy pobre, pero te aseguro que no me falta nada. Es más hasta me sobran cosas, pero mi madre no es capaz de comprenderlo, ella viene de una familia rica y está acostumbrada a comprar sin parar. Dice que lo que me sobra no son cosas si no ese espíritu aventurero que herede de mi padre. Mi padre era pobre de pequeño, él iba a servir a la casa de mi madre, la hija de los Katcumba, la familia más rica del barrio. Y así, año tras año sirviendo en la misma casa surgió el amor.

 A mí nunca me han querido llevar a la zona obrera del país, es decir de donde viene mi padre. Pero yo siempre he querido saber de dónde vengo, mi origen. Es por esto que un día cogí m mochila y me fui en bus. Cuando llegue allí tampoco fue nada sorprendente, era como lo imaginaba, como lo había visto en los documentales de la televisión. 

Poco a poco empezó a hacerse habitual mis visitas por esos barrios y con el tiempo hice amigos. Los cuales un día me preguntaron por mis apellidos, yo tranquilamente les respondí: “Winsthing katcumba”. Al oírlo, echaron todos a correr, dejándome sola, allí, en la plaza.

A la mañana siguiente decidí volver, pero esta vez no me quedaría parada, sacaría de mí todas esas dudas que llevaban viviendo conmigo desde mi uso de razón. ¿Por qué no conocía a mi familia paterna? ¿Por qué mi padre no volvió a su barrio donde ese había criado desde que se casó con mi madre?

Al llegar, solté todas mis preguntas. Los niños me dijeron que no me lo podían contar, AL rato, les acabe convenciendo. Neka, una niña del barrio, se decidió a contármelo.

“Cuenta la leyenda que en la familia Katcumba cada ciertas generaciones se reencarna tu tataratataratataratataratatarabuela, la bruja de Katcumba.  A tus abuelos se les advirtió de no tener una niña porque las posibilidades eran muchas. Pero quisieron creer en que era mentira al igual que tu padre, todos pensaron que era una simple leyenda, Al tener a tu madre le intentaron ocultar la información, para ellos propusieron al estado la ley de katcumba, la cual decía que todo el que contara la historia a la niña seria penalizado. El problema es que en los barrios obreros no se impuso esa regla y nosotros por eso no tenemos miedo de contártelo, simplemente no lo veíamos ético y a la vez a algunos nos das miedo. Algunos creen que eres tú en la que se ha reencarnado la bruja. La bruja de Katkumba para que te hagas a la idea mato a su marido mientras dormía con veneno en la cena, después lo descuartizo y le pelo la piel le quito los órganos y se lo dio de comer a toda la familia, esa carne llevaba una maldición, cada trozo de carne que se comieron tus familiares estaba maldito y la maldición se trataba de que al comerte el trozo de carne se te quedaba en tus genes la posibilidad de reencarnarte en ella o de tener una hija reencarnada. De esta manera se aseguró de seguir viviendo para siempre y seguir matando a todos los maridos de las chicas en las que se reencarnara.”

Cuando termino la historia se me había hecho de noche y yo me volví a casa. No me lo había creído del todo, pero me quedaba ese miedo, ese temor incierto. Por suerte mi padre esta mañana se había ido y no volvería hasta dentro de un mes o por ahí se había ido a trabajar a Londres así que no había posibilidades de que pasara nada.

Al llegar a casa mi madre me abrió enfadada por llegar tarde, me dijo que me sentara y que comiera que había preparado un estofado, parecía muy enfadada y solo llegaba media hora tarde.

-El estofado está muy rico. ¿Dónde has comprado la carne?

-No la he comprado

-¿Cómo?

.-Que me ha salido gratis, no le deje a tu padre irse

-¿Y donde esta?

¿Mama?

Mi madre hecho a reír malvadamente como nunca la había visto, poseída, yo me levante de la mesa, un pavor recorría todo mi cuerpo, yo la gritaba y no paraba de reírse. De pronto lo soltó:

-Cariño, no ves que te lo acabas de comer?

Candela Guerreiro

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