La vida en Versalles. Diario de E. M

LA VIDA EN VERSALLES. Diario de E. M. .

9 de mayo de 1690

Corre el año 1690 y mi familia y yo estamos de camino a lo que, según mi padre, será el auge de la dinastía Martini.  Ahora mismo me encuentro con mi familia en un carruaje con destino a la corte francesa: el palacio de Versalles.

La verdad es que, ahora, cuando echo la vista atrás y recuerdo todo lo que había oído hablar de Versalles (mientras vivíamos en París no se hablaba de otra cosa: que si en Versalles esto, que si en Versalles lo otro... absolutamente todo pasaba en Versalles), nunca me había llegado a imaginar que dentro de muy poco tiempo iba a poder disfrutar de todo aquel palacio y de sus jardines. Sus enormes, magníficos y perfectos jardines que yo siempre había soñado con visitar algún día y poder escribir sobre ellos en mis futuras novelas que sin duda, tengo pensado que escribiré. Porque por muchos que sean los impedimentos y por muchas que sean las dificultades, estoy totalmente convencida de que voy a ser y voy a hacer solamente lo que me haga feliz. En París, en Venecia o en Versalles yo soy y siempre seré escritora.

E.M.

10 de mayo de 1690


Ayer por la noche llegamos a Versalles y ya empiezo a estar molesta con mi padre. No sé cómo no me he dado cuenta antes de que su único motivo para venir aquí era ascender puestos en la escala social y no hay que ser muy listo para comprender cómo piensa conseguirlo.
Nada más llegar fue en busca de Charles Le Brun, el artista del rey Luis XIV y la única persona a la que, según mi padre, debemos estar eternamente agradecidos por el hecho de que nos haya conseguido una habitación aquí. 
Por lo que me he podido enterar, Le Brun, está construyendo su obra maestra y para eso ha mandado contratar a los maestros vidrieros más importantes de toda Italia.
Y en esa parte de la historia es donde mi familia y yo empezamos a cobrar un papel importante.

Mi padre es Guisseppe Martini, maestro vidriero veneciano, esposo de Cristina de Médici y padre de 3 hijos.
La mediana de 14 años. Ésa soy yo.
Cuando era pequeña vivíamos en Venecia pero luego nos mudamos a París.

Pero bueno, a lo que iba; cuando vi a mi padre hablando con Le Brun no pude evitar acercarme y poner la oreja para si ver si me enteraba de algo.
Como me temía, estaban hablando de mí y de lo buen partido que sería para el matrimonio. Ya sé que esto es lo más normal para una chica de mi edad pero a mí me parece absurdo que me tenga qué casar con alguien qué no elija yo.
A veces me gustaría ser una campesina del pueblo llano, ellas no se casan por obligación y seguro qué en los pueblos no tienen todos estos problemas qué tenemos en la corte. 
Pero, en fin, éste es el puesto en la sociedad qué me ha tocado: ser la hija de un artista de la corte, qué tengo qué aparentar cosas qué no soy y que se supone que la única aspiración qué tengo qué tener es la del matrimonio.

En fin, voy a dejar de escribir ya porque dentro de poco es el banquete de bienvenida y tengo que preparar la ropa qué me voy a poner, ya qué me han dicho qué aquí el como vistas es muy importante.

E.M.


14 de mayo de 1690

Llevo unos días sin escribir porque estoy ocupadisima con las clases de baile y de música qué mi padre y mi madre me han obligado a tomar para mejorar mi imagen en la corte.
Por suerte, puedo tener algún respiro ya qué me he ganado la amistad de Jean Rocher, uno de los jardineros que trabajan en los jardines de Versalles.
Tiene más o menos mi edad y la verdad es que enseguida nos hemos hecho amigos.
Gracias a él he recorrido todos los rincones de los jardines de Versalles y he podido descubrir la preciosa plantación de naranjos (qué no se como están con flores durante todo el año ),  qué además, me he enterado qué son los árboles favoritos del rey.

E.M.

16 de mayo de 1690

Hoy he vuelto a ver a mi padre hablar con Le Brun y la verdad es qué casi no le reconozco(a mi padre). Desde qué hemos llegado a Versalles se comporta de una manera como sobreactuada, como si ser el perrito faldero de su jefe fuera lo único que importarse en esta vida. Y lo peor es que insiste en que todos deberíamos comportarnos igual que él.

Yo creo que cada uno tiene que mostrarse tal y como es. Da igual que unos hablemos diferente que otros o que haya personas que tengan más dinero que otras, eso no es excusa para tratarle diferente. Como me dijo una vez una persona muy sabia: “sé tú mismo, los demás ya están cogidos”. 

Bueno, menos mal qué luego voy a ir a  los jardines a pasear y a buscar inspiración para mi próximo poema. Ojalá me encuentre a Jean, me gustaría enseñarle los pasos de un baile francés qué he aprendido recientemente.  

A lo mejor está cuidando los parterres cercanos al lago donde el rey despliega a veces su flota de barcos de guerra en miniatura. Es otro de los muchos simbolos con los que el rey demuestra su grandeza.

E.M.

30 de mayo de 1690

Hoy he estado por primera vez en una de las famosas fiestas campestres que  organiza el rey que incluyen bailes, comidas, batidas de caza…
Todos los cortesanos estábamos invitados así que he estado informándome de quiénes son las personas más importantes en la corte, de las costumbres de los nobles y aristócratas a los qué según mi padre voy a tener qué empezar a imitar… 

Me he enterado de que los mejores puestos de trabajo en Versalles son los de los sirvientes que trabajan en la alcoba real y cuyo trabajo es vestir al rey por la mañana y desvestirlo por la noche.
Otro de los mejores oficios más importantes es el peluquero real, que el encargado de hacer y poner las pelucas al rey.

También he intentado ponerme al día sobre las ultimas tendencias de moda, ya que se supone qué es una de las cosas qué pueden determinar tu posición en la escala social de Versalles.

Además también he probado por primera vez el chocolate, un manjar exquisito proveniente de América qué ha traído a la fiesta una princesa española.

E.M.


7 de junio de 1690

En los pocos días que llevo aquí ya me he acostumbrado a la vida de la corte. Todos los días recibo clases de francés (français, en effet), de danza y de música. Éstas últimas demuestran que a veces los padres pueden razón porque la verdad es que me lo paso muy bien y me gusta mucho. Además en Versalles puedo disfrutar de toda la música que quiera gracias a que el rey se rodea de los mejores músicos y compositores para amenizar sus fiestas.
Quién sabe, a lo mejor algún día también me dedico a la música (aparte de mis aficiones literarias) y actúo para personas importantes.

En estos días he podido, mientras paseaba por los pasillos del palacio (qué siempre están llenos de nobles, aristócratas, cortesanos y criados que van a pie o en silla de manos), observar una serie de cosas muy interesantes.
Lo primero es algo que me ha parecido curiosísimo: los nobles y los cortesanos más importantes tienen la unña del meñique izquierdo más larga. Intenté averiguar el por qué pero cada vez que preguntaba, todos me respondían lo mismo: “esos no son asuntos de una señorita”.

Otra de las cosas que más me ha llamado la atención es que los tacones de todos los zapatos de los cortesanos son siempre de color rojo. Sin embargo, de este asunto sólo pude averiguar que era un estilo que había puesto de moda el rey.


31 de agosto de 1690

Ya han pasado varios meses desde mi última anotación en este diario y en este período de tiempo han pasado y cambiado muchas cosas.
Pero sin duda la.más importante es de lo qué quiero escribir hoy.

Un día, mientras iba paseando sola por los jardines, me acordé de mis anteriores vidas (cuando vivía en París y antes, cuando vivía en Venecia) y me di cuenta de qué cuando estás en Versalles todo lo qué está fuera de la jaula doradas es como si no existiese.

Y cuando recuerdo qué uno de mis sueños antes de venir aquí era reflejar en mis novelas y diarios el esplendor y el lujo de la vida en la corte.
Pero ahora lo pienso mejor y reconozco qué eso no me gustaría.
Reconozco qué lo qué me gustaría sería salir ahí fuera,ver mundo y llevar la alegría y la esperanza con la música y las historias a otros lugares donde vive gente qué no es tan afortunada como yo.

Por eso mismo, mañana, el día de mi 15° cumpleaños,voy a ir a hablar con mi padre para pedirle qué me deje marchar y me deje llevarme conmigo a mi hermana pequeña Janette (no podría ir a ningún sitio sin ella).

Esta mañana he hablado con mi madre y con Felipe, mi hermano mayor y ya tengo su permiso.

Además hace una hora he estado con Jean y me ha dicho qué el también se irá conmigo del Palacio. Eso me tranquiliza y me alegra ya qué se qué voy no voy a estar sola si no en muy buena compañía.

E.M.




1 de septiembre de 1690

Me llamo Elena Martini y hoy cumplo 15 años.

Hoy empiezo una nueva vida puesto que por la mañana he hablado con mi padre y me ha dado permiso para partir a ver mundo y a ayudar a los más necesitados, no sin antes prometerle qué cuidaré de mi hermana, qué no me separare de Jean y qué le escribiré cada mes.

Dentro de unas horas, dejo la corte francesa: el magnífico y grandioso Palacio de Versalles.

Elena Martín.

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